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martes, 15 de diciembre de 2015

Las  Hormonas y el Envejecimiento 

Cumplir los 50 nos supone una “época de cambios”. Haciendo honor a su condición de 
“gobernadoras biológicas”, las hormonas dirigen muchas de las funciones cutáneas.
Además, está más que demostrado, ellas son unas de las responsables directas 
del envejecimiento de la piel.
   
Hasta no hace mucho, las mujeres se enfrentaban a la menopausia con una actitud 
recelosa y desconfiada, pues ello suponía la llegada ineludible del envejecimiento. 
Hoy, encontrarse cara a cara con esta realidad ya no es, ni mucho menos, un inconveniente. 
Para la mujer actual, los 50 pueden ser una época espléndida, pues si ha sabido cuidarse 
durante todo este tiempo, ahora llega el momento de recoger los frutos. Ella, indepen-
diente, emprendedora, inteligente y más conocedora de sí misma, sabe lo que necesita 
para sentirse bella. Y además, no está sola… para cumplir con este objetivo, la estética 
pone a su alcance un sinfín de cosméticos especializados que le ayudarán a vivir estos 
años como se merece, gozando de una segunda o, por qué no, una tercera juventud. 
año tras año… Contrariamente a lo que muchos piensan, los niveles de estrógenos 
empiezan a disminuir aproximadamente a partir de los 35, provocando una serie de reacciones
en cadena sobre la estructura cutánea. Proceso que puede llegar a prolongarse durante unos
25 años. Estas alteraciones, a la larga, acaban traduciéndose en la piel en forma de flacidez, arrugas, sequedad y falta de luminosidad. Inesperadamente, los signos del envejecimiento aparecen de forma repentina, como si la piel se degradase casi de la noche a la mañana. 
La razón de que esta transformación suceda a marchas forzadas se debe a que al desequi-
librio hormonal, se suman también los daños que el medio-ambiente ha ido
causando paulatinamente sobre la piel. 
Una de las estructuras cutáneas más afectadas por el envejecimiento hormonal es la capa 
córnea. No olvidemos que ésta es la parte más superficial de la epidermis.
Llegada la menopausia, tanto las secreciones sebáceas, como las sudoríporas, disminuyen 
debido al envejecimiento de las glándulas sudoríporas y a la regresión hormonal de las
 glándulas sebáceas. Como consecuencia de la escasez de algunos de sus componentes 
básicos el manto hidrolipídico se altera. Es entonces cuando la superficie cutánea se deshi-
drata, la queratina de la capa córnea pierde su flexibilidad y la piel se torna quebradiza, 
seca y más propensa a la aparición de arrugas. Además, la renovación celular se vuelve
mucho más lenta.
    ¿ Qué sucede en la piel ?

Una vez traspasada la frontera de la menopausia, incluso unos años antes de ésta, la estructura cutánea ya no es la que era porque…

  • El grosor de la piel disminuye, se hace más frágil y vulnerable.
  • La tasa de colágeno decrece y como consecuencia las arrugas se acentúan y el óvalo del rostro se desdibuja. 
  • La pérdida de ácido hialurónico provoca una gran deshidratación cutánea.
  • La producción excesiva de radicales libres conlleva la pérdida de luminosidad en la piel.
  • La insuficiencia de irrigación celular afecta directamente a la calidad de la piel: la superficie no es uniforme y comienzan a aparecer rojeces difusas.
  • La síntesis de melanina es irregular, debido a una producción anárquica de melanocitos
  • que son el origen de la formación de manchas pigmentarias.
  • Los problemas de hiperseborrea se acrecentan.
  • Se produce una mayor pérdida de cabello y, en contraposición, el crecimiento del vello aumenta.
  • La microcirculación es deficiente y los capilares se vuelven más frágiles,  por lo que las paredes capilares son menos elásticas.

Todo sucede de la noche a la mañana, pero ¿Cómo?

Pérdida de firmeza: 
El descenso de los niveles de estrógenos hace que 
el metabolismo se ralentice, por lo que el azúcar se
va acumulando en los tejidos de nuestra piel y
se entrecruza con las fibras de colágeno. Este 
conocido fenómeno, llamado glicalicación, endu-
rece las fibras de colágeno, impidiendo
que desempeñen su papel de soporte. El óvalo 
pierde definición y en la piel se van formando 
surcos más profundos. Cabe señalar además que
en la unión dermis/epidermis se producen 
también ciertos desajustes. En la dermis, el tejido conjuntivo de sostén, responsable de su
firmeza y elasticidad, pierde su consistencia de “gel compacto” y se transforma en solución, lo que conlleva irremediablemente una pérdida considerable de la tonicidad. 
Deshidratación celular:
A diferencia de la deshidratación superficial que afecta a todas las mujeres a cualquier 
edad, la deshidratación a nivel celular es extremadamente perniciosa y causa daños irrever-
sibles en la piel. Se trata de lo que los científicos llaman choque osmótico, fenómeno que
conlleva la destrucción total de la célula. La disminución de estrógenos a partir de cierta edad, 
potencia este proceso porque hace que el estrato córneo sea más fino, desorganizado e 
incapaz de retener la humedad. Además, esta deshidratación se ve potenciada todavía más 
debido a la disminución del grosor de los estratos epidérmicos y por el aplanamiento de los queratinocitos, fibroblastos y melanocitos.
Desajuste entre ciclos:
Otra razón que explicaría la rapidez con la que se hace evidente este envejecimiento cutáneo 
a partir de los 50 es la falta de sincronización entre los ciclos circadianos de la piel
y los ciclos hormonales. Por todos es sabido que la piel cumple básicamente dos funciones: 
protegerse y repararse; y que es capaz de priorizar dichas actividades siguiendo una 
lógica de supervivencia. Durante el día, dedica toda su energía a fabricar enzimas antioxi-
dantes para contrarrestar los efectos dañinos del medioambiente; y por la noche, utiliza su
combustible energético para producir proteínas, lípidos y reparar el ADN dañado. Por 
desgracia, los desequilibrios hormonales obstaculizan esta reparación nocturna, tan vital a
esa edad. Como resultado la piel acumula los daños producidos durante el día sin oportunidad
apenas de autorepararse. 
Pérdida de masa ósea:
El primer aviso que alerta de la entrada en el climaterio es la pérdida de masa ósea, pues
no hay que olvidar que los estrógenos se encargan de regular la correcta regeneración del 
tejido óseo. Con su descenso, los huesos se vuelven más frágiles y existe mayor riesgo
a presentar fracturas. De hecho, la osteoporosis es una enfermedad especialmente común
entra las mujeres de 50. En el rostro, una estructura ósea consistente, como unos pómulos 
altos, unos rebordes orbitarios prominentes o una mandíbula bien estructurada, ayudan a 
que la piel se mantenga tersa y turgente. Por el contrario, estas mismas características
invertidas dan como resultado un rostro más envejecido. Durante la menopausia, la 
densidad ósea disminuye, y como consecuencia la piel se despega y cae.
Exceso de sebo:
Ya durante la premenopausia empieza a observarse una disminución progresiva de la 
progesterona. Desde el punto de vista estético, esta situación puede conducir a una acentua-
ción de la seborrea, sobre todo en pieles que fueron de antemano seborreicas. Este exceso de
sebo suele ser más evidente en la región mediofacial, donde la piel puede presentar pequeñas
lesiones tipo acné. La progesterona ejerce una actividad antiandrogénica y es precisamente 
la ausencia de esta función la que acentúa la estimulación de glándulas seborreicas. Desde el 
punto de vista cosmético, la esteticista debe prestar especial atención al tipo de productos 
empleados. Por ejemplo, las sustancias con poder comedogénico no deben ser utilizadas, ya 
que pueden favorecer la aparición de seborrea y de puntos negros. Por norma general, la piel 
grasa suele ser extremadamente sensible, por lo que la profesional no debe utilizar tampoco
productos irritantes o agresivos cuyo pH sea muy diferente del que se encuentra en la superfi-
cie de la piel.
Y las implicadas son… 
Que las hormonas tienen mucho que decir respecto a la belleza y el buen estado de la piel no 
es ningún secreto. 
  • Los andrógenos, que estimulan las secreciones sebáceas y el crecimiento del vello. 
  • Los estrógenos, que están íntimamente implicados en el equilibrio cutáneo: espesor y suavidad  de la piel, hidratación y permeabilidad de la dermis, estimulación de los fibroblastos, que son       el origen del colágeno y elastina, regulación de la melanogénesis y de la secreción sebácea.
  • La progesterona, que compite con los andrógenos y estrógenos.
COSMÉTICA ANTIEDAD,¿ Cuál es su objetivo?
Reforzar la nutrición, dar energía a la piel, alisar las arrugas, definir los rasgos… son algunas 
de las prioridades de la cosmética antiedad. Este tipo de productos ejercen una acción compen-
sadora y correcta, dando respuesta a las necesidades de las pieles maduras que presentan proble-
mas de desvitalización debido a los cambios hormonales. Los tratamientos estéticos recomen-
dados en esta edad deben perseguir los siguientes objetivos:
  • Reconstruir las reservas de agua y lípidos de la piel, para mejorar su hidratación.
  • Reconstruir las reservas nutritivas cutáneas.
  • Estimular la regeneración de las capas profundas de la epidermis.
  • Incrementar la actividad celular.
  • Restablecer y reparar el equilibrio cutáneo.
  • Reafirmar la piel.
  • Alisar el micro-relieve.
  • Aportar luminosidad. 
  • Ofrecer al cutis un aspecto satinado.
  • Uniformar el tono cutáneo. 
Para ellos el cambio es diferente...
Aunque en los hombres el descenso de los niveles de testosterona se inicia alrededor de los
30, esta disminución se produce progresivamente, por lo que para ellos supone un cambio 
menos brusco que para nosotras. Los “efectos secundarios” derivados de esta alteración
hormonal, también denominada menopausia masculina o andropausia son:
Resultado de imagen de hombre mayor
  • Pérdida de densidad en tejido muscular.
  • Incremento de la grasa abdominal.
  • Aumento del colesterol.
  • Sequedad muy evidente en la piel. 

En Oxigenate nos formamos continuamente para poder ayudar a nuestros clientes a mantener 
su piel hidratada, nutrida, oxigenada y joven. Contamos con la Aparatología y Cosmetolo-
gía más Avanzada del Mercado.

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